Desde la Plaza de Toros de Marbella, donde el pasado viernes protagonizó, junto a sus aves, un evento con la Policía Nacional para los alumnos de los centros educativos de la ciudad, atiende a AZ David Gil, cetrero marbellí y uno de los más reconocidos de todo el país. Tanto es así que el Ayuntamiento de Madrid acudió a su empresa, Marbella Falcons, para espantar a las palomas, cuyas heces dañan el monumento de la Puerta de Alcalá.
«Viajamos dos veces por semana para el control de aves en la Puerta de Alcalá. Es un orgullo trabajar para proteger ese monumento tan bonito. Surgió hace unos tres años, cuando se hizo la restauración, vieron que el problema venía mayormente de las heces de las palomas. Contactaron con Marbella Falcons y les dijimos que la cetrería era un método muy ecológico y natural para el control de las plagas. Así empezamos y lo seguimos manteniendo», explica David, con el micrófono de AZ en la mano derecha y un águila joven a su izquierda.
Cuenta que, al volar los halcones por el centro de Madrid, crean su territorio. «Las palomas se sienten amenazadas y, aunque los vuelos son disuasorios, los ataques son como en el campo normal y les crea un miedo tremendo. En cuanto escuchan un cascabel, salen muy asustadas», añade.
«La pasión por los animales me empieza desde pequeño», continúa. Sus inicios se dieron junto a discípulos de Félix Rodríguez de la Fuente, que le enseñaron a volar halcones hace unos 25 años. «Trabajamos por toda España, salen muchos proyectos nuevos e interesantes que engrandecen a la empresa. Solemos trabajar para ayuntamientos, administradores de fincas, hoteles…», afirma.
Para David «es un lujo trabajar con estos animales». «Cada uno es distinto. Tenemos desde águilas Harris hasta halcones gerifaltes, híbridos también. Es incansable. Ver los vuelos que hacen es un disfrute diario», subraya emocionado David, que reconoce entre risas que sus aves «se arriman a la gente». «Cuando ven un bus descapotable en Madrid, van volando hacia allá porque piensan que pueden encontrar comida. Es una de muchas anécdotas», zanja, aunque reitera «todos los peligros que puede haber» los tienen «bien mirados y trabajados». «La cetrería es un oficio milenario declarado por la UNESCO en 2010, se lleva haciendo desde toda la vida y es parte de mi vida», concluye.















