Nada tiene que ver con una exhibición ni con un espectáculo de entretenimiento. Su actuación es minuciosa y profesional. Sua y Sulley (y otros compañeros) actúan donde, en ocasiones, el silencio pesa más que cualquier diagnóstico. A veces basta con un roce, con apoyar su cabeza, o mover su cola, para provocar algo que parecía perdido: una sonrisa, una interacción o las ganas de volver. Ahí trabaja K9 Málaga, una escuela de formación con tres décadas de experiencia que ha convertido las intervenciones asistidas con perros en una herramienta social para personas con diversidad funcional, pacientes de salud mental y colectivos vulnerables.
“Todos los perros ayudan a las personas, pero ellos lo hacen con un gusto tremendo”, explica Marta Sainz, directora del Área Social de K9 Málaga, mientras acaricia a Sua, una de las perras de intervención del proyecto. “Desde pequeñitos disfrutan de esas intervenciones”.
La entidad trabaja actualmente en colaboración con hospitales, centros educativos, residencias y asociaciones sociales, dentro de un proyecto que prevé beneficiar a unas 150 personas usuarias y otras 150 familias malagueñas mediante programas de acompañamiento y “respiro familiar”. El plan, que se desarrolla entre septiembre de 2025 y septiembre de 2026, también permitirá recopilar “cientos de datos objetivos” sobre los beneficios de las intervenciones asistidas con perros, en una iniciativa que sus responsables califican como pionera en España.
Desde K9 Málaga no hablan de terapia-milagro. Insisten en ello varias veces durante la entrevista. El papel de sus profesionales consiste en acompañar y complementar el trabajo clínico y educativo ya existente. “Nosotros somos, en definitiva, una herramienta de los terapeutas. Nosotros no hacemos terapia”, subraya David Martín, técnico del Área Social. “Hacemos un acompañamiento al terapeuta utilizando al perro como vector de apertura para los usuarios”. El animal aparece como un puente emocional en personas que, por tristeza, ansiedad, aislamiento o dificultades de comunicación, no logran conectar con el entorno.
“En residencias de mayores nos encontramos con personas en situación de incomunicación por tristeza o por falta de empatía con el centro”, explican. “Gracias a la intervención con los perros se plantean una situación nueva”. La misma dinámica se reproduce con menores con diversidad funcional o problemas de comunicación. “El perro actúa desde algo muy amable”, continúa. El resultado, aseguran, es que muchos niños terminan abriéndose también a terapeutas y educadores.
Las dinámicas pueden parecer sencillas: pasear con el perro, lanzar una pelota o completar ejercicios básicos. Pero detrás existe un trabajo técnico y emocional cuidadosamente planificado, además de un sinfín de juegos que ellos mismos han inventado para acercarse más a pacientes y usuarios. Bingo, dados, parches, gimnasia… “Depende de lo que les venga mejor y les guste”.
Un proyecto pionero en salud mental en Málaga
Uno de los espacios donde estas intervenciones están adquiriendo mayor relevancia es la Unidad de Salud Mental del Hospital Marítimo de Torremolinos. Allí se desarrollarán 12 sesiones con tres binomios perro-guía con objetivos concretos: reducir estrés y ansiedad, fomentar emociones positivas, aliviar la percepción del dolor y aumentar la motivación en los tratamientos.
“La Fundación La Caixa ha sido visionaria en esto”, destaca Marta. “Apostó por el proyecto y gracias a esa subvención estamos trabajando por toda la provincia de Málaga”. K9 Málaga también colabora con entidades como el Centro Virgen de la Esperanza de la Diputación de Málaga, la Fundación Cesare Scariolo, Fundación Javier Imbroda, Autismo Sur o Asociación Down Contigo, entre muchas otras.
Profesionales acreditados y bienestar animal
Uno de los aspectos en los que más insiste el equipo es en la profesionalización del sector y en el bienestar animal. “Los perros tienen protocolos antes, durante y después de cada intervención”, explica Marta. “Creemos que la profesionalización es fundamental”, defiende David. Y es que todos los profesionales de la entidad cuentan con acreditaciones oficiales y trabajan bajo la normativa vigente de bienestar animal.
No se trata de fórmulas mágicas. Solo un perro, una correa y alguien que vuelve a sonreír después de mucho tiempo. En silencio, sin grandes discursos, Sua y Sulley consiguen abrir pequeñas puertas emocionales allí donde las palabras ya no llegan. Porque, a veces, el primer paso hacia la recuperación no empieza tendiendo una mano, sino una pata.













