Hay edificios que empiezan a construirse mucho antes de que se coloque la primera piedra.
El nuevo centro de día de ABAD, en Benalmádena, parece casi terminado, aunque su historia comenzó hace más de 20 años: en hogares donde faltaban respuestas, en familias que no sabían a qué puerta llamar y en diagnósticos que llegaban sin manual de instrucciones, abriendo un camino incierto que, hasta el 2001, los benalmadenses recorrerían en soledad.
“ABAD fue nuestra luz”, dice Petri, sin rodeos. Una frase que condensa, sin necesidad de ornamentes, tres historias: la de una madre, la de su hija y la de una asociación que, antes de ser institución, fue refugio.
María del Mar es hija de Petri y usuaria de ABAD desde que tenía unos ocho años. Su llegada al centro no supuso únicamente el inicio de un tratamiento, sino el comienzo de un acompañamiento que trascendería lo clínico. “En ABAD nos dieron asesoramiento sobre lo que teníamos que hacer, dónde ir, qué ayudas perdir…” recuerda Petri, que enseguida matiza dónde residió realmente el gran cambio de su hija: “lo más importante fue el trato hacia María del Mar, sus terapias, analizar lo que mejor le iba, por dónde íbamos a empezar…”. El punto donde la ayuda deja de ser administrativa para convertirse en vital.
Hoy María del Mar entra en la conversación con una naturalidad que seguro contrasta con aquel inicio. “Voy a psicología con Estefanía. También voy al logopeda, con Mariluz. Además, voy al grupo de habilidades sociales”, nos explica.

Estefanía Rubio forma parte del equipo de gestión y también trabaja como psicóloga en la asociación. “ABAD lleva más de 20 años acompañando a familias y a personas con discapacidad”, explica. “Surgió de una necesidad que tenían esas familias… no había ningún tipo de recurso ni de apoyo para sus hijos”.
Lo que empezó como la iniciativa de un grupo de madres se ha convertido en una estructura compleja y estable: atención temprana, terapias, apoyo familiar, ocio y programas de vida adulta. “Ahora mismo somos 14 profesionales”, detalla Estefanía. “Psicólogas, logopedas, fisioterapeutas, terapeuta ocupacional, trabajadora social… es un equipo multidisciplinar”.
Pero más allá de los perfiles, insiste en una idea vertebral: el acompañamiento integral en todas las etapas de los usuarios.
Y así ha sido con María del Mar. “Al principio era muy tímida, le costaba relacionarse… la autoestima la tenía muy baja”, recuerda Petri. En el entorno escolar, añade, “como que muchos niños la dejaban un poco al lado”. Hasta que empezó un trabajo progresivo, constante, desde distintos frentes. “Sobre todo acudir a psicología le vino muy bien”, explica. “También logopedia… y ahora con habilidades sociales a relacionarse, a salir, a entrar, a aprender a comprar una entrada de cine, a manejar el dinero”. Pequeñas herramientas absolutamente necesarias para habitar el mundo con autonomía.
Estefanía lo explica con honestidad: “Una de las dificultades de las personas con discapacidad es hacer amigos”. Por eso, añade, “los grupos de habilidades sociales y las actividades de ocio son fundamentales: porque permiten construir vínculos reales, cotidianos, propio”. Ese espacio de ocio no es un añadido, sino parte del proceso.


El faro
ABAD se identifica con un símbolo que ilumina toda su historia: un faro. “Todas las familias son acompañadas o guiadas por esa luz”, explica Estefanía. “Es un acompañamiento integral, dependiendo de la necesidad de ese niño, de ese joven, de ese adulto y de esas familias”. Petri coincide. Incluso lo expresa casi con las mismas palabras. Y, María del Mar, por su parte, lo encarna. Ella también se ha convertido en parte de esa luz.
El centro de día: una pieza aún por completar
ABAD vive un momento decisivo que nace de una profunda necesidad. En Benalmádena no existía un centro de día para personas con discapacidad gravemente afectadas, lo que obligaba a muchas familias a desplazarse a otros municipios o, en algunos casos, a quedarse sin atención adecuada. “Es uno de los mayores retos de toda nuestra historia”, reconoce Estefanía. “Hay familias que tienen que llevar a sus hijos a Málaga, Fuengirola o Alhaurín… y otras que no pueden hacerlo”.
Pero este escenario está a punto de cambiar. Las obras de este proyecto, que avanza gracias a una financiación combinada de fondos europeos Next Generation EU, la Junta de Andalucía y el Ayuntamiento de Benalmádena, se encuentran ya en su fase final. La administración autonómica ha impulsado la mayor parte de la inversión a través de una subvención destinada a centros de atención a la discapacidad, mientras que el consistorio benalmadense ha complementado el proyecto con aportaciones económicas propias y la cesión de apoyo institucional clave para su desarrollo. A ello se suma la implicación de la Diputación de Málaga, que participa en la cofinanciación dentro de los programas provinciales de apoyo a infraestructuras sociales.
Aun así, el proyecto no está completamente cerrado: ABAD continúa buscando financiación adicional para poder culminar el equipamiento y la puesta en marcha del centro en su totalidad.
ABAD mantiene abierta una campaña para ultimar la construcción del centro de día:
• IBAN: ES61 0049 6611 55 2117840582
• Bizum (ONG): 10228
• Web: Asociación ABAD
La iniciativa se enmarca en la campaña de financiación: “Historias Reales”, que busca precisamente dar voz a trayectorias como la de Petri y María del Mar.
Petri no evita la emoción al cerrar su relato. “Estoy súper orgullosa de ella, orgullosa de que haya aprendido a ser ella misma, a decir lo que siente, a moverse con independencia, a disfrutar con sus amigos”, cuenta.
“Y todo es gracias a ABAD”.















