Hace más de 500 años, navegar hacia determinados lugares del planeta significaba adentrarse literalmente en lo desconocido. No había fotografías, mapas precisos ni libros que permitieran saber qué encontrarían al otro lado del océano. Había rumores, relatos, leyendas y una enorme curiosidad por conocer qué escondía el mundo.
En ese contexto se desarrolló una de las mayores aventuras de la historia: la expedición iniciada por Fernando de Magallanes y culminada por Juan Sebastián Elcano, que entre 1519 y 1522 realizó la primera vuelta al mundo.
Este año, además, se cumplen 500 años de la muerte de Juan Sebastián Elcano, el marino español que asumió el mando de la expedición después de la muerte de Magallanes y que consiguió llevar la nao Victoria de regreso a Sanlúcar de Barrameda. El próximo 6 de septiembre se conmemora, además, un nuevo aniversario de aquella llegada, protagonizada por Elcano y los otros 17 supervivientes de una expedición que había comenzado tres años antes.
Para rememorar esas fechas, Bioparc Fuengirola invita a los visitantes adentrarse en el espíritu de aquellos primeros exploradores a través de dos espacios que permiten viajar hasta aquella época: la Sala del Descubrimiento y la Cámara de las Maravillas.
Un mundo todavía por descubrir
La Sala del Descubrimiento sitúa al visitante ante el gran reto al que se enfrentaron aquellos navegantes: intentar comprender y representar un planeta que todavía no conocían por completo.
Dos grandes esferas terráqueas, una de ellas inspirada en una recreación de Leonardo da Vinci, grandes murales y referencias a las rutas de navegación de la primera vuelta al mundo convierten este espacio en un homenaje a los exploradores que se lanzaron a cruzar océanos sin saber con certeza qué encontrarían al otro lado.
La expedición partió de Sevilla en 1519 con cinco naos y más de 200 hombres. Tras la muerte de Magallanes en Filipinas, Elcano tomó el mando y condujo la Victoria hasta su regreso a España. Aquella travesía permitió conocer territorios, pueblos, plantas y animales que hasta entonces eran desconocidos para los europeos y contribuyó a cambiar para siempre la imagen que se tenía del planeta.
Cuando un narval se convirtió en un unicornio
La Cámara de las Maravillas recrea los antiguos gabinetes de curiosidades, espacios en los que se reunían objetos procedentes de lugares lejanos y elementos naturales que despertaban fascinación, sorpresa y, en ocasiones, también desconcierto. Fósiles, huesos, herbolarios, libros, objetos relacionados con la medicina, elementos de fauna y los llamados “cuernos de unicornio” forman parte de este particular universo en el que la ciencia y la leyenda convivían.
Uno de los elementos más llamativos es precisamente el cuerno de narval, conocido durante siglos como el “unicornio de mar”. Un ejemplo perfecto de cómo un elemento de la naturaleza podía convertirse en una criatura legendaria cuando todavía no existían los conocimientos científicos necesarios para explicar su origen.
El tesoro que movió a los exploradores
Y entre todas las maravillas había algunas que tenían un valor muy especial. Las especias fueron uno de los grandes motores de las exploraciones marítimas de los siglos XV y XVI. Clavo, canela, nuez moscada, pimienta o jengibre eran productos extraordinariamente valorados en Europa y llegaron a alcanzar precios comparables a los metales preciosos.
En la Cámara de las Maravillas, el visitante puede acercarse a algunas de estas especias y descubrirlas también a través del olfato, reproduciendo la dimensión sensorial que debieron tener para quienes se encontraban por primera vez con ellas.
El clavo, por ejemplo, llegó a alcanzar precios extraordinarios y su procedencia se mantenía en secreto. Las especias no solo transformaron la alimentación europea: tuvieron un papel fundamental en la medicina, el comercio, la política y la economía de la época.
Los animales que pudieron sorprender a Elcano
La fascinación por lo desconocido también tenía forma de animal.
Las crónicas de la expedición, especialmente las de Antonio Pigafetta, describieron especies que sorprendieron a Europa: murciélagos de grandes dimensiones, loros de vivos colores, peces voladores, guanacos o las extraordinarias aves del paraíso, que llegaron a alimentar todo tipo de historias sobre su aspecto y procedencia.
Muchas de las regiones recorridas por aquella expedición albergan hoy especies que pueden contemplarse en Bioparc Fuengirola.
En las selvas asiáticas encontramos, por ejemplo, orangutanes de Borneo, tapires malayos, faisanes de Edwards o tigres de Sumatra; mientras que los ecosistemas sudamericanos están representados por especies como la nutria gigante o el arapaima, entre otras. Son animales que permiten imaginar el asombro que pudieron producir aquellas tierras y sus habitantes naturales a los ojos de los primeros expedicionarios.
Pero existe una diferencia fundamental entre aquellos primeros viajes y los que podemos realizar hoy.
Ellos exploraban para descubrir. Nosotros tenemos el conocimiento suficiente para saber que muchas de aquellas maravillas están hoy amenazadas y que debemos conservarlas.
Del descubrimiento a la conservación
La primera vuelta al mundo cambió nuestra manera de entender el planeta. Cinco siglos después, Bioparc propone recuperar aquel espíritu de curiosidad desde una perspectiva contemporánea, y se suma a la conmemoración de la figura de Juan Sebastián Elcano y de la primera vuelta al mundo recuperando no solo la dimensión histórica de aquella gesta, sino también su enorme dimensión científica y natural.
Un homenaje a aquellos hombres que se atrevieron a navegar hacia lo desconocido y a todas las personas que, cinco siglos después continúan explorando, investigando y trabajando para comprender y proteger la extraordinaria diversidad de nuestro planeta.













