Mañana arranca el nuevo proyecto del CD Estepona, que se enfrenta a la Balompédica Linense (20:30 horas) en el primer amistoso de la pretemporada. Y una de las caras nuevas es el joven Raúl López, de tan solo 18 años, portero nacido en Estepona que, tras una experiencia en Marbella, ha vuelto al Francisco Muñoz Pérez con la intención de quedarse y continuar la saga de los Chupi, con varias generaciones de futbolistas que han sido fundamentales en las diferentes etapas del deporte rey en la ciudad esteponera.
Será un reto más en su vida después de superar otro más grande, una discapacidad auditiva del 70% en ambos oídos que le afecta desde que estaba en Primaria. «Mis padres se dieron cuenta porque los maestros les decían que no seguía la lectura de mis compañeros, y cada vez que me tocaba leer a mí siempre estaba perdido. Entonces los maestros se lo comunicaron a mis padres y me hicieron las pruebas correspondientes para detectarme la discapacidad», explica en esta entrevista a AZ Costa del Sol, que también está disponible en vídeo a través de nuestras redes sociales.
«Me daba vergüenza y miedo ponerme los audífonos»
Unos audífonos le permiten hacer vida normal, pero al principio le costó adaptarse, lo que le generó algunos problemas sociales en su entorno fuera de los terrenos de juego: «Con esas edad jugaba al fútbol, pero como me daba vergüenza y miedo, no me ponía los audífonos, hasta que llegué a cadete de segundo año, que ya empecé a ponérmelo». Sin embargo, tenía un problema: se le caían mientras jugaba. Entonces, su familia tuvo la idea de ponerle una especie de cuerda que le sujeta por detrás de la cabeza ambos aparatos. Una sencilla y humilde fórmula que le dio confianza para adaptarse a ese 70% de discapacidad auditiva que le ha marcado durante toda su vida.
«Cuando jugaba sin audífonos tenía el problema de que cuando los árbitros me pedían sacar más rápido, no me enteraba. Los entrenadores tenían que entrar para explicárselo al árbitro, que ya me comprendía y se acercaba a decírmelo», nos cuenta sobre el césped del Muñoz Pérez, mientras nos enseña cómo se coloca los audífonos tranquilamente y sin ningún tipo de miedo, acostumbrado a sus 19 años a afrontar una piedra en el camino que solo le ha hecho más fuerte.
«Mi padre es portero y gracias a él he seguido esos pasos. Llevo jugando en Estepona desde benjamín hasta juvenil de segundo año, que me fui a Marbella. Y luego me fui al juvenil de tercer año del Vázquez Cultural de División de Honor. Y este año me han vuelto a llamar. Estoy muy contento e ilusionado», reconoce, antes de hablar de su sueño como guardameta: «Mi sueño es a corto plazo acabar en el primer equipo del Estepona, y un poco a largo plazo, ya jugar en el fútbol profesional». Su proyección invita a pensar en ello, aunque primero tratará de hacerse un hueco en Segunda RFEF con el club de su tierra.
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