Han sido horas de tensión. La decisión aún no se había terminado de asimilar cuando ya estábamos cruzando el Estrecho. En menos de una hora, habíamos dejado atrás la Costa del Sol para pisar una realidad muy diferente a la que se vive desde el otro lado de la Península. No hay una sola palabra, vídeo o fotografía que pueda transmitir lo que hemos vivido en estas 24 horas.
La cobertura empezó a primera hora de este pasado miércoles. Antes de pisar el centro de la ciudad, decidimos hacer un recorrido por algunas de esas zonas de Ceuta que antes no eran tan sonadas ni conocidas y que ahora no paramos de oír. Ponemos cara a la playa del Trampolín. Vemos las duchas. 


Fotografiamos la zona de Loma Colmenar, un embolsamiento donde, en lugar de vehículos, ahora hay inmigrantes. Algunos están ya dentro. Nos sorprende ver a un grupo de ellos jugando a la pelota junto a las carpas. Fuera, centenares de ellos permanecen todavía dormidos. Tirados en la calle, algunos con alguna manta o saco de dormir y otros directamente en el arcén. No parece que estuviésemos en Ceuta. 
También pasamos por El Príncipe, donde los propios vecinos han montado por iniciativa propia una zona para acoger a las mujeres y niñas que estaban expuestas a cualquier peligro. Vemos a alguna madre con su hija en brazos. También vehículos del Ejército y militares armados por las calles. La imagen choca. Y mucho.
En menos de media hora de recorrido, la sensación que invade es de absoluta tristeza. Pasamos por el espigón de El Tarajal. Es una de las principales zonas de la frontera y de acceso con Marruecos. Vemos la imagen y la reconocemos. Hace casi 30 días era por donde pasaron los miles de migrantes hacia Marruecos. Ya hace casi un mes.
Llegamos al centro de la ciudad. Todos los negocios están abiertos: restaurantes, bares, tiendas, farmacias… la vida sigue. Pero nada es igual. Ceuta no es Ceuta. Es, sin lugar dudas, la mayor conclusión que nos llevamos de esta cobertura.
“Nos han robado nuestra vida”
En estas últimas horas, por el micrófono de AZ han pasado decenas de ceutíes. Todos nos transmiten, de una forma u otra, la misma idea. “Nos han robado nuestra vida”. Ha sido la frase más repetida durante la cobertura de una crisis migratoria que ha parado el ritmo de una ciudad que se siente “abandonada” desde el pasado 30 de julio.
La crispación aumenta casi por minuto. Se sienten enfadados, cansados y abatidos. A las puertas del Ayuntamiento, la Banda Municipal de Ceuta aguarda para tocar su himno. Tras un emotivo minuto de silencio, el presidente de la Ciudad, Juan Jesús Vivas, canta cada palabra. Más bien la siente. Y defiende. A su lado, cientos de ceutíes se van sumando. También está el alcalde de Málaga, Francisco de La Torre, que ha realizado una visita institucional este miércoles y que permanece junto a él, visiblemente emocionado. No es para menos.
Lo que se respira entre los ceutíes es difícil de describir. Vemos también a los compañeros de prensa. En sus rostros se ve el cansancio de muchas horas de trabajo. Llevan sin descansar desde que comenzó todo. Nos cuentan que está siendo duro para ellos porque sienten cómo su ciudad está siendo abatida. También han pasado miedo desde sus puestos de trabajo. La tensión aumenta cada día y algunos han llegado a increparles. Hay muchos nervios.
Llega la tarde. Pasadas las 20:00 horas, más o menos, el Ministro de Política Territorial, Ángel Víctor Torres, comparece ante los medios después de una reunión de seguridad para dar cuenta de sus planes. Promete que la ciudad se recuperará. Fuera, frente al edificio de la Delegación, parece que esas palabras y ese “compromiso” no son suficientes. Los gritos no cesan.
Ya no hay tanto miedo como en los primeros días. Ahora lo que más sienten es rabia. Han salido a la calle y no están dispuestos a seguir encerrados en casa. El silencio ya se ha roto. Piden volver a la normalidad.
Un fuerte sentimiento de “impotencia” les mueve cada tarde a salir a la calle para reclamar que recuperen su tierra. “Nos sentimos abandonados, olvidados. No es justo lo que estamos viviendo”, confiesa una de las ceutíes desde la gran concentración que ha reunido este miércoles a miles de personas para pedir, a las puertas de la Delegación del Gobierno, que escuchen su voz.
Realizamos en torno a diez entrevistas. Casi no da tiempo a terminar una cuando otra persona nos interrumpe. Todos quieren hablar. Más bien parece que es una cuestión de necesidad. Necesitan que se escuche la realidad a través de sus testimonios.
Entre gritos de “Ceuta no se vende, se defiende” o “Ceuta unida jamás será vencida”, se respiran muchas emociones. Enfado, ira, cansancio, tristeza, tensión… Los sentimientos que afloran por las calles son difíciles de transmitir con estas palabras. Pero sí hay una certeza: necesitan que se cuente lo que de verdad están viviendo.
“El que está fuera no tiene ni idea de lo que estamos viviendo”, asegura otra de las manifestantes. Se sienten solos y abatidos.
El pulso político tampoco cesa. El presidente de la ciudad autónoma, Juan Jesús Vivas, parece que vive en las calles de Ceuta. Se para a hablar con los vecinos, quienes le muestran su cariño y agradecimiento. Entre reuniones con el Mando Único, que el Gobierno ha decidido extender hasta finales de año, y atención a medios, las horas van pasando. Las visitas institucionales continúan y los ceutíes siguen sin conseguir lo que necesitan. Recuperar la normalidad.
El ritmo es intenso. Todo es intenso. Hasta el último minuto de nuestra cobertura. Un taxista nos cuenta cómo está sufriendo ver a su ciudad así. Reconoce que allí están acostumbrados a vivir con entradas de inmigrantes, pero que esto “es demasiado”.
Y sí, todo es demasiado. Y eso solo hemos pasado algo más de 24 horas allí. Pero toca volver. Cogemos de nuevo el ferry hacia Algeciras, todavía sin asimilar lo que hemos presenciado. Pero con la seguridad de saber que hemos estado donde había que estar.
Ceuta lo necesita. Su gente lo necesita.
Y es, precisamente, lo que más nos han pedido en estas 24 horas: “Que no nos olvidéis desde la Península. No os olvidéis de que nosotros también somos España. Y os necesitamos”.













