Con la mochila llena de recuerdos y la sensación de haber cumplido su deber. Así se marcha Don José Antonio Melgar tras casi doce años de servicio pastoral en los pueblos de Manilva y Casares. Hace unos días ambas localidades conocían la noticia: José Antonio es trasladado a una parroquia de Estepona. Desde entonces, han sido mucho los vecinos que han lamentado su marcha y las muestras de agradecimiento hacía el párroco han sido multitudinarias.
«Durante todos estos años me han tratado de maravilla, me han acogido como uno más, con un gran sentido de hospitalidad, me he sentido muy querido», reconoce en una entrevista con AZ. A pesar de tener el «corazón partido», se marcha con la sensación de haber hecho bien sus deberes.
Reconoce que tanto en Manilva como en Casares ha sido feliz, que se ha sentido como en casa y que haber participado en cada celebración y tradición ha sido un auténtico regalo. «Compartir con el pueblo sus raíces, las romerías, las fiestas, la Semana Santa… la verdad que me ha ayudado a hacerme partícipe de todas las inquietudes de cada pueblo».
De todo lo vivido, recuerda con especial cariño la rehabilitación de los templos realizada durante estos años: «De alguna manera, simbolizaba también la propia rehabilitación de la comunidad cristina de los pueblos».
José Antonio Melgar es una persona cercana, amable y humilde. Algo que deja ver en cada minuto de la entrevista y que vuelve a quedar patente cuando, al final, pide disculpas por no haber estado siempre todo lo presente que hubiese deseado.
«La colaboración con las instituciones ha dado mucho fruto»
En sus palabras, también quiere agradecer a las instituciones públicas. Reconoce que durante estos años ha sentido el apoyo del Ayuntamiento de Manilva y de Casares. Una labor que ha sido puesta en valor por ambas instituciones. Casares anunciaba hace unos días que José Antonio será nombrado como Hijo Adoptivo en febrero, en agradecimiento a su cercanía y labor social. También en Manilva, ya preparan una fiesta solidaria y de despedida para el próximo mes de septiembre como motivo de agradecimiento.
«Al final, las instituciones de los Ayuntamientos es la manifestación de los pueblos, ver cómo muestran el cariño a través de esos reconocimientos me llena de alegría. Una ilusión enorme, es como si ya me vinculara con los pueblos para siempre», reconoce casi entre lágrimas. Sin olvidarse de todos los vecinos, tiende su mano para todos aquellos que lo necesiten: «Aquí tienen un sacerdote y amigo para siempre».
Lo cierto es que, más allá de las creencias religiosas de cada vecino, José Antonio Melgar ha conseguido ganarse el cariño de todos, que siempre lo recordarán como el cura del pueblo.














