Madrugada histórica la que se ha vivido en La Línea de la Concepción, donde desde las 00:00 horas de este miércoles, la histórica verja que durante más de un siglo ha separado a la colonia británica con el Campo de Gibraltar ha desaparecido. No oficialmente, que será durante el día de hoy, durante el acto institucional de la demolición de la Verja de Gibraltar al que acudirá el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.
«Hemos vivido un momento que quedará para la historia», expresaba el alcalde de La Línea, Juan Franco, en los primeros minutos del final de la verja. «Su desaparición pone fin a décadas de barreras y abre una etapa inédita de convivencia, oportunidades y progreso compartido. Afrontamos este nuevo tiempo con ilusión, responsabilidad y el compromiso de trabajar para que sus beneficios lleguen a toda la ciudadanía».
La verja, que sirvió incluso de cierre literal en época franquista, desde este miércoles se ha convertido en historia tras el acuerdo ya sellado entre Reino Unido y la Unión Europea para facilitar la relación del Peñón con el bloque tras el ‘Brexit’.
Tras el cambio de fecha por el incendio de Almería, el acto en La Línea tiene lugar un día después de que en Bruselas se lleve a cabo la firma del acuerdo alcanzado el pasado mes de diciembre. Mientras en la capital belga el comisario Maros Sefcovic y el secretario de Estado para Europa británico, Stephen Doughty, formalizaban la firma; en La Línea cientos de personas quisieron vivir el momento histórico en primera persona. Una imagen aún más emotiva después de que acudiesen rodeados por banderas de España, coincidiendo también con la celebración del pase a la final de la selección.
La historia de la Verja, desde 1909
Construida en 1909 por decisión del Gobierno británico en el istmo que une el Peñón con el resto de la península y que desde el Tratado de Utrecht por el que España cedió a Reino Unido en 1713 Gibraltar había venido siendo considerado como zona neutral, la Verja alcanzó su máxima notoriedad en 1969.
El 8 de junio de ese año, Franco ordenó el cierre del paso por el que a diario cruzaban en ambos sentidos tanto españoles que trabajaban en Gibraltar como gibraltareños que iban a España a comprar o a visitar a familiares, suspendiendo además las comunicaciones telefónicas y marítimas.
Pese a que el dictador murió en noviembre de 1975, la decisión no fue revocada, de forma parcial, hasta la llegada de Felipe González al Palacio de la Moncloa en 1982. En su primer Consejo de Ministros, el 15 de diciembre de ese año, se autorizó el paso de peatones, mientras que hubo que esperar hasta febrero de 1985 para que se retomara también el paso de vehículos.
Aquel periodo sigue aún muy presente en la mente de los gibraltareños y también de sus vecinos en La Línea, ya que dejó a muchas familias separadas durante años que, para poder verse, tenían que coger un ferry a Tánger, en Marruecos y de ahí otro a Algeciras y luego en sentido inverso ante la imposibilidad de recorrer los pocos metros que separan el Peñón de La Línea.
Loren Periáñez, presidente de la Asociación de la Pequeña y Mediana Empresa de La Línea y portavoz del Grupo Transfronterizo que aglutina a empresarios y sindicatos de ambos lados, recuerda cómo iba junto a su madre a la Verja para poder ver a su tía y sus primos que habían quedado del lado gibraltareño. «Como si fuera el Muro de Berlín», explicaba en un reciente encuentro con periodistas.
En caso de Alfred Bassadone, miembro de la Cámara de Comercio de Gibraltar e integrante también del Grupo Transfronterizo, uno de sus familiares «se echó al agua y nadó hasta España a ver a su padre porque se moría» y le disparó la Guardia Civil. «Todavía hay heridas abiertas por esto», reconoce.
Aunque nunca se repitió un cierre total, volvió a vivirse un nuevo periodo de tensión en 2014, cuando el entonces ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Margallo, dio instrucciones de reforzar los controles en la frontera, provocando colas kilométricas y ocasionando que los trabajadores transfronterizos, unos 15.000, llegaran tarde a sus puestos de trabajo o no consiguieran llegar y disuadiendo a quienes cruzan en ambos sentidos para comprar o hacer turismo.
El temor que aún pervive en los habitantes del Campo de Gibraltar que cada día cruzan hacia el Peñón para trabajar, y también entre los gibraltareños, de que la Verja pueda cerrarse o de que se introduzcan algún tipo de medidas que puedan limitar o ralentizar el paso fronterizo quedará anulado con el nuevo Tratado.
¿Qué pasará a partir de ahora?
A partir del este miércoles, 15 de julio, quienes crucen desde España hacia Gibraltar por tierra, y en sentido inverso, no deberán mostrar sus pasaportes ni a los agentes de la Policía Nacional ni a los gibraltareños.
En su lugar, los controles se realizan ahora al aeropuerto, donde la Policía Nacional será la encargada de comprobar que quienes llegan en avión hasta Gibraltar puedan acceder al espacio sin fronteras Schengen, una vez que se haya producido un primer control por parte de las autoridades gibraltareñas.
Las autoridades gibraltareñas han suprimido los ferris que unían la colonia británica con Marruecos, por lo que solo en caso de llegada de alguna embarcación privada sus pasajeros serán desembarcados y trasladados al aeropuerto para la realización del control.
No obstante, el fin de la Verja ha provocado algo de temor entre los ‘llanitos’ de que pueda producirse un incremento de la inseguridad, algo que Picardo ha tratado de disipar, con el despliegue de efectivos adicionales así como de cámaras de videovigilancia y de reconocimiento facial.
Además, desde el Gobierno gibraltareño se han esforzado por explicar que en realidad no es toda la valla que separa la colonia británica de España la que desaparece, sino que «el único tramo sin valla fronteriza será la zona de aproximadamente 150 metros por donde los peatones siempre han cruzado».













