La calle San Miguel, en Torremolinos, es desde hace décadas la gran arteria comercial de un municipio que ha crecido al ritmo del turismo. Escaparates de todo tipo se suceden a lo largo de esta vía siempre transitada, donde conviven negocios históricos con otros más recientes y donde no faltan, también, los carteles de se vende o se alquila que recuerdan las dificultades del comercio local. En medio de ese paisaje comercial resiste Modas Ramos, una tienda familiar que lleva medio siglo abierta y que sigue encontrando en el trato cercano su mejor forma de mantenerse viva.
Nada más entrar, el movimiento es constante. Un cliente pregunta por una talla, otro busca un complemento y, al fondo, Mari Carmen y Pepi pasan con naturalidad de un idioma a otro mientras atienden a quienes cruzan la puerta. Las escuchamos hablar en inglés con unos turistas y, apenas unos minutos después, responder en francés a otra pareja que curiosea entre las perchas. Cuando termina la conversación, una de ellas se acerca y nos susurra con una sonrisa: “Y si hace falta, también alemán”.
Las dos son hijas de Salvador Ramos y María Aragón —Paquita, como todo el mundo la conoce—, quienes hace cincuenta años llegaron a un Torremolinos en pleno auge para montar un pequeño negocio en esta misma calle. “Mis padres llegaron cuando esto estaba en lo más alto, cuando Torremolinos era un referente en la Costa del Sol”, recuerdan. Aquel primer comercio no tenía nada que ver con el actual. “Empezaron con una tienda de souvenirs”, explican. Con el tiempo, sin embargo, el negocio fue evolucionando hasta convertirse en lo que es hoy: una tienda de moda con una oferta muy variada.
“Hemos ido ampliando muchísimo”, cuentan. “Ahora tenemos ropa de caballero, de chico joven, de señora, de chica… y un montón de complementos para todos los gustos y todos los públicos”. Pero si algo explica que el negocio haya resistido cinco décadas en una de las calles comerciales más exigentes de la Costa del Sol, aseguran, es el trato con el cliente. “Nos gusta ayudarles a encontrar lo que mejor les sienta. Ese trato personalizado hace que la gente vuelva”, coinciden ambas.
Ese vínculo termina convirtiéndose, muchas veces, en algo más que una relación comercial. “Hay clientes que ya son amigos”, dicen. “Personas que llevan viniendo muchos años y con las que al final acabas teniendo una relación muy cercana”. La fidelidad de esos clientes también influye en las decisiones que toman cuando llegan las nuevas colecciones. “Cuando hacemos pedidos siempre pensamos en ellos, en lo que sabemos que les gusta o en lo que creemos que les puede favorecer”.
En una calle tan emblemática como San Miguel la continuidad de Modas Ramos tiene también una carga emocional. Ese esfuerzo fue reconocido recientemente con un distintivo al comercio concedido desde el Ayuntamiento de Torremolinos y la Junta de Andalucía. “Fue muy emotivo”, recuerdan. “Sobre todo porque es un reconocimiento al trabajo y al esfuerzo de nuestros padres, de la familia Ramos Aragón, que fueron quienes levantaron esto”.
Entre esos nombres propios sigue estando muy presente el de Paquita. A pesar de los años, continúa visitando la tienda con frecuencia y paseando por la calle que vio crecer el negocio familiar. “Mi madre viene todos los días”, cuentan con orgullo. “Las vecinas la saludan, habla con todo el mundo… tiene una energía estupenda”.
Cincuenta años después de aquella primera tienda de souvenirs, Modas Ramos sigue siendo parte del pulso cotidiano de la calle San Miguel. Un comercio que, entre idiomas improvisados, clientes fieles y muchas décadas de trabajo familiar, ha aprendido a sobrevivir donde no todos lo consiguen.















