La situación hídrica en la provincia de Málaga ha experimentado un giro radical en el último año. Gracias a una serie de borrascas y precipitaciones persistentes desde finales de 2025, los embalses que abastecen a la región han registrado incrementos sin precedentes, transformando un panorama marcado por la sequía en otro de abundancia relativa de agua.
En febrero de 2026, los siete principales embalses malagueños acumulan más de 600 hectómetros cúbicos de agua, elevando el nivel de llenado agregado hasta aproximadamente el 88–90 % de su capacidad total, según datos oficiales de la red Hidrosur. Esta cifra contrasta de forma notable con los escasos 170 hectómetros cúbicos registrados en la misma época del año pasado, cuando las reservas se encontraban profundamente reducidas debido a años de escasez pluviométrica.
El crecimiento acumulado de almacenamiento hídrico es especialmente evidente en embalses clave como los del sistema del Guadalhorce y el pantano de La Viñuela, este último mostrando una recuperación destacada tras años en niveles muy bajos.
Este notable aumento de reservas ha permitido pasar de un contexto de restricciones y preocupación por la sequía a contar con recursos que, en términos generales, garantizan suministro durante varios años según estimaciones técnicas si se gestionan de forma responsable.
A pesar de este panorama positivo, expertos y autoridades insisten en la necesidad de mantener una gestión del agua prudente y sostenible, dado que los ciclos hidrológicos mediterráneos tienden a alternar periodos de abundancia con episodios de escasez y la región continúa siendo vulnerable a fluctuaciones climáticas













