Hay viajes que comienzan sin aeropuerto. Basta cruzar una puerta para cambiar de continente, de clima y de ritmo. En pleno centro de Fuengirola, lejos del bullicio habitual de la Semana Santa en la Costa del Sol, Bioparc ofrece una alternativa diferente para estos días: naturaleza, tranquilidad y la sensación de viajar sin salir de Málaga.
Aquí no hay itinerarios marcados ni prisas. El recorrido avanza entre vegetación densa, caminos sombreados y sonidos que recuerdan a la selva. El visitante no observa desde fuera, sino que se adentra en los hábitats. Este es, precisamente, el concepto del parque: un modelo de zoo inmersivo en el que los espacios recrean los ecosistemas originales y reducen la distancia entre animales y visitantes.

Un plan muy recomendable para familias con niños, que encuentran aquí una forma de aprender y disfrutar al mismo tiempo en un entorno seguro y sorprendente.
El recorrido atraviesa algunos de los entornos más representativos del planeta: África ecuatorial, el sudeste asiático, Madagascar, el Indo-Pacífico o Centro y Sudamérica. En ellos viven especies emblemáticas y amenazadas como el tigre de Sumatra, los gorilas —con su nueva cría—, los orangutanes o los dragones de Komodo.
Uno de los grandes atractivos de esta visita en Semana Santa es, precisamente, la posibilidad de conocer a las nuevas crías del parque. Entre ellas, el pequeño Ernie, una cría de gorila nacida hace apenas tres meses, que ya comienza a interactuar con el grupo bajo la atenta mirada de los adultos. A él se suma un recién nacido perezoso, que se mueve lentamente entre las ramas, y la carismática familia de nutrias gigantes, siempre activas y especialmente llamativas para los visitantes.

Junto a ellas, el parque permite descubrir otras especies menos conocidas pero igualmente relevantes, como el tapir malayo, los gibones de mejillas doradas, el tití emperador o el ajolote. Una oportunidad para acercarse a la biodiversidad desde una perspectiva más amplia.
La vegetación es otro de los grandes atractivos. Tras las lluvias del invierno, el parque presenta un aspecto especialmente frondoso, con zonas verdes más densas y un ambiente que refuerza la sensación de estar en plena selva. El diseño del espacio, con agua, sombra y diferentes niveles, contribuye a una visita cómoda y envolvente. A mitad del recorrido, el restaurante de estilo colonial ofrece un espacio para descansar y comer con vistas al propio parque. Desde allí es posible observar a los animales en movimiento, como los gibones entre las ramas o el panda rojo, en un entorno tranquilo.

La visita se completa con espectáculos en el Claro de Selva, actividades familiares, una zona infantil y una nueva experiencia de realidad virtual centrada en el fondo marino, que amplía el contenido educativo del recorrido.
Bioparc Fuengirola se presenta así como un plan diferente para esta Semana Santa: una propuesta cercana, accesible y pensada para todos los públicos que combina ocio, naturaleza y aprendizaje en plena Costa del Sol.
















