En un sector donde la presencia femenina sigue siendo minoritaria, hay historias que, pese a ser sorprendentes, parecen inevitables. La de Lydia Fernández es una de ellas. No solo por su impecable profesionalidad, sino porque en su mirada —atenta y entusiasta— se adivina que nació para esto: para entender los coches, liderar un equipo y abrir camino donde antes apenas había huella femenina.
Lydia Fernández no duda cuando echa la vista atrás. “Desde pequeña me apasionaban los coches. Yo les pedía a mis padres un Excalextric porque era con lo que quería jugar… aunque nunca llegó”, recuerda entre risas. Aquella niña que soñaba con circuitos y motores acabó encontrando su lugar, aunque no de forma inmediata.
“Empecé como administrativa en un taller. No tenía nada que ver con la mecánica en sí, pero poco a poco fui metiéndome, aprendiendo, observando… hasta que encontré mi sitio”, explica. Un aprendizaje que desembocó en una decisión clave: emprender. “Encontré una na ve vacía y abrí mi propio taller”. Así nació MarnaMotor, en Mijas Costa, hace ahora dos años y medio.
Hoy, su empresa cuenta con cuatro trabajadores y una clientela que no deja de crecer. “Hemos ido poco a poco, pero con paso firme. Lo más bonito es que la gente repite. Eso significa que estamos haciendo bien las cosas”, afirma con orgullo. Para Lydia, la clave del éxito no está solo en la técnica. “El trato con el cliente lo es todo. Hay que escucharles, ayudarles, aconsejarles… necesitan confianza”. Y añade: “Yo siempre intento que salgan de aquí contentos».
El reconocimiento como Empresa Malagueña 2025 llegó sin previo aviso. “Fue una sorpresa total. No me lo esperaba para nada”, confiesa. «Te hace sentir muy orgullosa de todo el esfuerzo, de todo lo que has luchado para llegar hasta aquí”. Además del orgullo personal, el premio ha tenido un impacto directo en su negocio. “Ha sido un gran escaparate. Nos ha ayudado a ampliar la cartera de clientes”.
Lydia es plenamente consciente de que su historia no es habitual. “Hay muy pocas mujeres en este sector, y menos aún que sean mecánicas y además dueñas de un taller”, señala. “Pero yo siempre lo tuve claro».
Por eso, tiene muy definido su próximo objetivo: “Quiero llenar mi plantilla de mujeres. Pintoras, chapistas, mecánicas… porque son muy resolutivas, muy trabajadoras y aportan muchísimo”. Su mensaje es directo: “Animo a todas las mujeres que estén pensando en dedicarse a esto a acercarse al taller», declara con una sonrisa. En su equipo ya hay ejemplos de ese cambio. Naiara, su mano derecha, trabaja concentrada mientras pinta un vehículo en el taller.
Lydia Fernández no solo ha construido un negocio. Ha levantado un espacio donde la pasión, el esfuerzo y la igualdad empiezan a rodar en la misma dirección. Y lo hace, como cuando era niña, con la misma ilusión por los coches.














