La presencia de sangre en el semen, conocida médicamente como hemospermia, es un motivo de consulta relativamente frecuente en Urología, aunque sigue siendo un tema rodeado de desconocimiento y preocupación entre los pacientes.
“El paciente no debe entrar en pánico, pero sí valorarlo con sentido común”, explica el doctor Pablo Navarro, jefe del Servicio de Urología del Hospital Quirónsalud Marbella. “En la mayoría de los casos, sobre todo si ocurre una sola vez y en un varón joven sin otros síntomas, no suele corresponder a un problema serio. Aun así, merece una valoración médica si persiste, se repite o se acompaña de otros síntomas”, añade.
Un síntoma más frecuente de lo que parece
Aunque muchos hombres no consultan por vergüenza o porque se trata de un episodio aislado, los especialistas señalan que la hemospermia es probablemente más habitual de lo que se cree. En la práctica clínica, eso sí, genera una gran alarma pese a que la mayoría de las veces tiene una evolución favorable.
Este síntoma suele deberse a un pequeño sangrado en estructuras implicadas en la eyaculación, como la próstata, las vesículas seminales, la uretra o los conductos eyaculadores. Las causas más comunes, según el especialista, son “procesos inflamatorios o infecciosos, como prostatitis o uretritis, aunque también puede aparecer tras pruebas urológicas, actividad sexual intensa o incluso periodos prolongados de abstinencia”.
Cuándo consultar al especialista
Los urólogos insisten en que, aunque en muchos casos se resuelve de forma espontánea, es importante prestar atención a determinados signos de alerta.
Se recomienda acudir al especialista si la hemospermia se repite, persiste durante varios días o semanas, o se acompaña de síntomas como dolor al eyacular o al orinar, fiebre, sangre en la orina o molestias pélvicas. También cuando aparece en pacientes de mayor edad o con antecedentes urológicos relevantes.
En estos casos, el Dr. Navarro apunta que puede ser necesario realizar un “estudio más completo para descartar otras patologías, como problemas prostáticos, alteraciones en las vesículas seminales, litiasis o, con menor frecuencia, tumores”.
Diagnóstico y tratamiento
El abordaje comienza con una historia clínica detallada y una exploración física. A partir de ahí, y en función de cada caso, pueden solicitarse pruebas como análisis de orina, estudios de infecciones, analítica sanguínea o determinación de PSA. En situaciones más complejas o persistentes, se recurre a técnicas de imagen como la ecografía o la resonancia magnética.
En cuanto al tratamiento, en muchos pacientes no es necesario intervenir, ya que el cuadro se resuelve por sí solo. Cuando se identifica una causa concreta, el manejo se dirige a ella, como el uso de antibióticos en caso de infección o tratamientos específicos en patologías urológicas.
Mensaje clave: sin alarmismo, pero sin ignorarlo
“Lo importante es no alarmarse, pero tampoco ignorarlo si se repite”, subraya el urólogo. Mantener una buena salud urológica, tratar adecuadamente las infecciones y consultar ante síntomas persistentes son las principales recomendaciones.















