La sucesión de borrascas que ha afectado a Andalucía durante los meses de enero y febrero de 2026 ha provocado importantes daños en el sector agrario. Las consecuencias, según alerta Ifapa, se han traducido tanto en pérdidas directas de producción como en un deterioro de la calidad de las cosechas debido a retrasos o a la imposibilidad de realizar las labores de recolección y tratamientos en el momento óptimo.
Los profesionales del IFAPA han elaborado un análisis preliminar con los datos de 92 estaciones meteorológicas pertenecientes a la Red de Información Agroclimática de Andalucía (RIA). La comparación entre las precipitaciones acumuladas ha permitido extraer conclusiones relevantes, como que en las estaciones ubicadas en Huelva, Sevilla, Córdoba, Jaén y Granada los acumulados observados en 2025–2026 fueron entre un 70% y un 80% superiores a la media climatológica. En Jerez de la Frontera, el incremento fue del orden del 50%, mientras que en Almería se situó en torno al 30%. En el caso de Málaga, el aumento fue más moderado, con valores aproximadamente un 10% superiores a la media de referencia.
El documento también destaca aspectos como el elevado número de días consecutivos con precipitación, un indicador que resulta determinante para evaluar las condiciones reales de acceso a las explotaciones agrícolas y la viabilidad de realizar labores como la recolección, el abonado o la aplicación de tratamientos fitosanitarios. Este elemento resulta especialmente crítico desde el punto de vista productivo, ya que amplifica los efectos del exceso hídrico más allá del mero balance pluviométrico.
De manera general, entre el 1 de septiembre de 2025 y mediados de febrero de 2026, la precipitación media acumulada en las zonas agrícolas monitorizadas por la RIA alcanzó los 486 mm, con valores que oscilaron entre los 155 mm y los 968 mm según la localización.
La Junta publica siete guías de recomendaciones para los cultivos
Los expertos han recopilado algunos de los daños causados por el exceso de humedad y las inundaciones, como pueden ser la erosión del suelo, la asfixia radicular (deficiente oxigenación de las raíces) o la dificultad de realización de las labores culturales en los cultivos, entre otros.
Las guías describen los principales efectos negativos y las actuaciones recomendadas, tanto preventivas como posteriores, para paliar y prevenir daños, recomendando en algunas casos prácticas agrícolas enfocadas a minimizar los mismos.
Los documentos también advierten de que, en algunas circunstancias, es importante evitar el tránsito de maquinaria hasta que la humedad del suelo lo permita, ya que el peso de esta puede compactar el suelo húmedo y eliminar los poros de aire, agravando la asfixia radicular.
De igual manera, las lluvias intensas pueden provocar lavado de nitratos, pérdida de azufre, movilización de potasio en suelos ligeros y, como consecuencia, reducción del rendimiento potencial por carencias nutricionales, siendo recomendables, según los casos, el uso de fertilizantes y productos bioestimulantes.














