El mar es indomable. Respira, ruge, llama. Sin embargo, aunque parezca incontrolable, hay quienes saben navegarlo. Resulta difícil datar el origen de ese «uno, dos» que repiten los remeros para mantener el ritmo, pero se ha conservado. Lo que sí conocemos es el año en el Club de Remo de Torremolinos comenzó a entornarlo. Fue en un 2013 marcado por la ilusión y con una misión clara —preservar y promover el arte del remo en embarcaciones tradicionales, especialmente la jábega, símbolo de la identidad andaluza—. Desde entonces, el club se ha consolidado como un referente, implicando a jóvenes y adultos en una práctica que combina disciplina, esfuerzo y un profundo sentido de comunidad.
El sonido de los remos golpeando el agua, el ritmo acompasado de las voces, el olor a sal y madera: cada entrenamiento es un homenaje al Mediterráneo y a quienes lo navegan. Así descansan algunas de las embarcaciones más queridas del club, como la jábega Marea o la chalana Kalima, auténticos símbolos de identidad marinera.

Además de las clásicas jábegas —esas embarcaciones de origen fenicio que forman parte del patrimonio cultural andaluz—, el club ha incorporado nuevas modalidades como el remo en chalana y el llaüt, ampliando así su oferta deportiva. Gracias a ello, sus equipos han participado en competiciones regionales y nacionales, logrando títulos y reconocimientos que han llevado el nombre de Torremolinos por toda la costa mediterránea.
Sin embargo, más allá de las medallas, el verdadero logro del club está en su gente. Porque el Club de Remo de Torremolinos es, ante todo, una familia. En sus barcas conviven generaciones y procedencias distintas, unidas por la misma pasión. Jóvenes que encuentran en el remo disciplina y pertenencia. Adultos que regresan al mar para reconectar con sus raíces. Y mujeres que, cada vez más, ocupan un lugar protagonista.

La inclusión femenina ha sido una de las grandes transformaciones del club. Lo que comenzó como una tímida participación se ha convertido en una fuerza imparable. Hoy, las mujeres no solo reman: también dirigen, enseñan y organizan. Ocupan puestos de liderazgo y son una pieza esencial en la vida del varadero. Su presencia ha enriquecido la cultura del remo local, demostrando que este deporte no entiende de género, sino de esfuerzo, coordinación y amor por el mar.
Esa filosofía de apertura e igualdad se refleja también en la estructura del club. Sus puertas están abiertas a todo el mundo: desde niños que dan sus primeras paladas hasta veteranos que reman por puro placer. Los cursos de iniciación, los grupos de BCS —mujeres que han superado un cáncer de mama y encuentran en el remo una terapia física y emocional— o las sesiones de entrenamiento infantil, muestran la dimensión social y humana de esta institución. Cada grupo tiene su ritmo, pero todos comparten el mismo latido: el del mar golpeando suavemente el casco de la embarcación.
El club no solo mira al agua, sino también a la arena. Y es que los socios organizan jornadas de limpieza de playas y campañas de concienciación ambiental. Es su forma de devolverle al entorno parte de lo que el mar les da. Esa conexión con la naturaleza, más allá de la práctica deportiva, define la esencia del Club de Remo de Torremolinos: un espacio donde se entrena el cuerpo, se cuida el medio y se fortalecen los lazos comunitarios.
Con el apoyo del Patronato Municipal de Deportes y de numerosas entidades locales, el club sigue creciendo sin perder su esencia. Su objetivo no es solo competir, sino inspirar: demostrar que el remo puede ser una forma de vida, un refugio y una escuela de valores. En un tiempo donde todo parece acelerado, este deporte enseña a escuchar el compás del mar, a remar al ritmo del otro, a comprender que el esfuerzo colectivo siempre lleva más lejos que la fuerza individual.
El Club de Remo de Torremolinos es hoy un referente en la Costa del Sol. Su legado no se mide en trofeos, sino en historias compartidas. En cada brazada se mezclan la tradición y la superación; en cada golpe de remo, la promesa de seguir avanzando. Porque, al final, no se trata solo de ganar regatas, sino de mantener viva una manera de entender el mar: con respeto, con pasión y con el corazón puesto en cada ola.
El latido rosa del mar
María José, Susana, Delia, Vero, Ely, Marga, Mari Carmen, Victoria, M. Ángeles, Yunnuén, Soumia, Patricia, Sonia, Yolanda y Celia. 15 nombres que resuenan al compás del mar. Cuyas paladas avanzan al unísono, marcadas por la fuerza de quien ha aprendido a remar contra la vida— y ahora, a su favor—.
Juntas forman el equipo BCS del Club de Remo de Torremolinos —siglas de Breast Cancer Survivors—, un grupo de mujeres que han superado un cáncer de mama y que han hecho del remo algo más que un deporte: una forma de sanar, de celebrar y de seguir adelante. A su lado, siempre atentas, están Vanessa, Carmen, Fátima y Eva. Ellas no han pasado por un proceso oncológico pero se han convertido en el motor silencioso del grupo: entrenadoras, compañeras y, sobre todo, un apoyo incondicional.

Nos reciben junto a su barca, emocionadas por su primer premio en el encuentro “Rema, Compite y Vive”, donde arrasaron en ambas regatas de llaüt. “Entrenamos dos veces por semana, una hora cada día”, nos cuenta una de ellas, mientras las demás asienten. “Nos ayuda muchísimo, no solo físicamente, también mentalmente. Aquí desconectamos, reímos, disfrutamos… somos un equipo dentro y fuera del agua”.
Además de remar en la barca, completan sus sesiones en máquinas y en el foso del club, combinando técnica y fuerza. Pero, como repiten varias, “cuando te ves dentro, en el agua, todas tenemos el mismo sentimiento”.
En el mar, explican, se sienten empoderadas y orgullosas. Allí desaparecen las cicatrices, las dudas, los miedos. Solo queda el sonido del remo entrando en el agua y el ritmo compartido que las une. “Antes del cáncer jamás pensábamos que íbamos a hacer esto”, confiesa otra, y la frase queda suspendida un instante en el aire, mientras todas la miran y sonríen, conscientes de cuánto significa.
El germen del equipo nació hace apenas unos años, aunque el deseo llevaba tiempo flotando entre las ideas del club. Desde que los estudios científicos comenzaron a demostrar los beneficios del remo para la rehabilitación y prevención del linfedema —una de las secuelas más comunes del cáncer de mama—, el Club de Remo de Torremolinos quiso implicarse activamente. La intención era clara: crear un equipo BCS que uniera deporte y recuperación emocional.

Pero el camino no fue fácil. La iniciativa tardó en cuajar. En 2023, el club mantuvo un primer encuentro con la presidenta de la Asociación Contra el Cáncer de Torremolinos para dar forma al proyecto. Durante meses, la idea permaneció en el aire, hasta que, en marzo de 2024, una jornada de puertas abiertas cambió el rumbo. Quince mujeres acudieron a probar. Ninguna imaginaba que ese día marcaría el inicio de algo tan grande.
Comenzaron entrenando una vez por semana, con la prudencia y la ilusión de quien empieza de cero.
Poco a poco, la rutina fue creando vínculos. Entre risas, esfuerzo y salitre, nació un equipo. Algunas se marcharon, otras llegaron, y al final quedaron siete, las pioneras. En junio, apenas tres meses después de aquella primera sesión, se atrevieron con su primera regata: el Campeonato Nacional BCS. No era una prueba oficial, pero sí profundamente simbólica. Participaron cinco mujeres del club, y les prestaron tres remeras de otros equipos para completar la embarcación. Cuando cruzaron la meta, comprendieron que ya nada volvería a ser igual.
El 2025 ha sido su año. El grupo creció hasta alcanzar las quince integrantes actuales, impulsadas por la propia energía de las veteranas, que han ido sumando nuevas compañeras. Han competido en la liga de llaüt y se han convertido en subcampeonas de Andalucía de larga distancia, en la prueba celebrada en Benalmádena y organizada por el propio Club de Remo de Torremolinos. En la última regata, en el embalse de Cubillos, vencieron con autoridad. Y hace apenas unos días, en el encuentro “Rema, Compite y Vive” arrasaron: tres tripulaciones, dos victorias y una certeza compartida, la de estar viviendo un sueño.
“Queremos seguir en esta nube mucho tiempo”, confiesan entre risas. Porque más allá de los títulos, lo que las une es algo que no cabe en una copa. “Los problemas se los lleva el mar”, dicen todas. En el agua, las cicatrices dejan de doler, el cuerpo se hace ligero y la mente se calma. Cada brazada es un acto de vida, un grito silencioso de fortaleza y gratitud.
El proyecto cuenta con el apoyo directo del Ayuntamiento de Torremolinos, especialmente de la alcaldesa Margarita del Cid, y con la implicación constante del presidente del club, Alejandro, que ha creído en el valor social y humano del equipo desde su nacimiento.
Hoy, el equipo BCS del Club de Remo de Torremolinos es mucho más que un grupo deportivo. Reman juntas, sincronizadas, dejando que el mar marque el ritmo. Frente a ellas, el horizonte se abre limpio, inmenso, lleno de posibilidades. Detrás, la orilla y todo lo superado. Quizá por eso, cuando el sol cae sobre la costa y el eco del último “¡uno, dos!” se disuelve en la brisa, ninguna tiene que mirar atrás.













