La clave del éxito de una obra puede estar, precisamente, en saber respetar las diferencias. Así lo comprobamos al hablar con Jose Rulos y D. Darko sobre el mural de la torre de entrenamiento de los bomberos de Fuengirola, donde, lejos de competir, ambos han decidido complementarse hasta convertir su obra en una composición conjunta. «Queríamos que hubiera presencia del estilo de los dos en todas las caras de la torre», explican.
La intervención, de 20 metros de altura, transforma esta estructura del parque de bomberos en una obra de arte urbano que rinde homenaje a los profesionales que trabajan en el servicio de emergencias. El proyecto ocupa dos fachadas completas y parte de una tercera, con una combinación de retratos realistas, graffiti, abstracción geométrica y recursos visuales inspirados en el collage.
Pero llegar al resultado final ha requerido algo más que pintura. «Hicimos una serie de bocetos con las ideas que teníamos tanto ellos como nosotros, hasta llegar a puntos en común», relatan los artistas. Aunque se conocen y comparten el lenguaje del arte urbano, integrar sus propuestas ha exigido encontrar un equilibrio. «Siempre cada uno tiene que ceder un poco dentro de su campo para llegar a una composición final, que es lo que más interesa, que el resultado sea algo equilibrado», señalan.
«No queríamos que fueran unos murales independientes, sino una composición conjunta entre los dos», explican. Esa voluntad de integrar sus lenguajes permite que el conjunto conserve la personalidad de ambos creadores sin perder coherencia.
Unas 10 horas al día durante una semana de trabajo a 20 metros de altura
Los artistas calculan que han dedicado aproximadamente una semana al proceso, con jornadas de entre ocho y diez horas de trabajo. ¿El mayor reto? La dimensión de la torre y la dificultad para acceder a una de las caras. «Uno de los grandes retos, cuando es un proyecto de esta envergadura es, sobre todo, la altura», explican. La dificultad no estaba únicamente en alcanzar la parte superior de la estructura, sino también en acceder a zonas menos visibles y maniobrar con la plataforma elevadora.
«Esta pared frontal que vemos es, entre comillas, fácil, pero luego hay otra pared que da al techo de la nave, que había que maniobrar mucho para llegar con la grúa y ha sido más difícil», cuentan. Una experiencia que, según reconocen con humor, les ha servido para adquirir nuevas habilidades: «Al final hemos hecho un máster de manejo con la grúa».
La geometría, el graffiti y los retratos
La fusión de estilos se aprecia también en los elementos que componen el mural. La obra combina el carácter realista de los rostros con formas geométricas, tipografías y referencias al graffiti clásico. «Hemos fusionado bastante nuestros estilos», resumen. Mientras uno de los lenguajes se apoya especialmente en la geometría, el otro incorpora el retrato y la figuración, mezclados con recursos propios del graffiti.
Entre los elementos geométricos destaca el damero, un patrón que los artistas han incorporado a escala en en los camiones del cuerpo de bomberos. También aparece el tetraedro del fuego, una referencia a los elementos necesarios para que se produzca un incendio. El graffiti tiene igualmente su espacio en la composición. La palabra «héroes» aparece escrita con esta caligrafía, en un guiño directo a quienes protagonizan el homenaje. El resultado combina así distintos códigos visuales para convertir una instalación funcional en un soporte artístico con identidad propia.
Un homenaje a los bomberos y a las mujeres del cuerpo
Más allá de la técnica y de la composición, el mural pone el foco en las personas que hay detrás del uniforme. Uno de sus rostros protagonistas es femenino, un detalle especialmente significativo en Fuengirola, donde el cuerpo cuenta actualmente con dos bomberas.
Jose Rulos y D. Darko se muestran muy felices y orgullosos de haber podido rendir este homenaje. «Han sido unos días muy bonitos, no solo por lo profesionales que son los bomberos, sino también por su calidad humana. Nos han tratado con muchísimo cariño y respeto, e incluso nos invitaron a compartir una paella con ellos», destacan.
Para ambos, la experiencia ha ido mucho más allá del resultado artístico. El proyecto deja una huella en la torre de entrenamiento, pero también el recuerdo de una convivencia que ha convertido este trabajo en algo especialmente significativo para sus creadores.














