A María le cuesta verbalizar lo que está viviendo. Su barrio, la tienda donde compra el pan cada mañana, el bar al que suele ir con sus amigas a tomar un café. Todo sigue estando ahí, como cada verano. Pero este no está siendo un verano más. La incertidumbre la acompaña cada día desde que se levanta. María sigue paseando a su perro cada tarde, continúa trabajando y trata de mantener su rutina, pero algo ha cambiado. La sensación de que su ciudad atraviesa una situación que escapa a su control la acompaña incluso en los momentos más cotidianos. «¿Cuándo va a terminar esto? ¿Cuándo vamos a poder recuperar nuestra ciudad?», se pregunta.
En Ceuta, la crisis migratoria ha dejado de ser para ella una sucesión de cifras, titulares e imágenes que cada día pesan más. No quiere más enfrentamiento político, mucho menos entre sus propios vecinos, solo que la ciudad vuelva a ser “como ha sido siempre”. “Te sientes desbordada, es muy desagradable todo y nos sentimos abandonados”, reconoce en una entrevista con AZ.
Su nombre completo es María García, una joven periodista de 30 años nacida y crecida en Ceuta. Sus raíces están impregnadas en cada rincón de la ciudad, que siempre ha sentido como su hogar y desde donde ahora sufre por verla “abandonada”. Reconoce que, pese a la falta de soluciones, es el propio pueblo el que está respondiendo. “Quién la está salvando es la gente de aquí”.
La entrada masiva del pasado 30 de julio le pilló trabajando desde casa. Editaba un vídeo previo a la Feria de Ceuta, que estaba a pocas horas de dar el pistoletazo de salida, cuando empezó a ver imágenes en redes sociales y a recibir mensajes de WhatsApp.
Había vuelto a ocurrir: una entrada masiva de inmigrantes. El último episodio que recuerda fue el de mayo de 2021, cuando más de 8.000 personas entraron en Ceuta en apenas unos días, entre ellas alrededor de 1.500 menores de edad.
Pero para alguien que ya había vivido una situación similar en primera persona, las primeras señales bastaron para intuir que esta vez podía ser diferente. “Me avisaron, esto es peor que la otra vez”, recuerda que le dijo su amiga, también periodista, que ya se encontraba en la frontera.
“No se trata de ideología política, estamos vendidos”
Confiesa que aún habiendo sentido miedo, latente todavía en la ciudad, lo que más siente es la “indignación” que terminó llevando a miles de ceutíes a concentrarse el pasado 9 de agosto en la plaza de la Constitución para gritar “¡Basta ya!”.
“La gente se ha manifestado, pero no se trata de ideología política, estamos vendidos. Hemos tenido los comercios cerrados, las calles llenas de personas, no había pan, no había agua. Parecía una película de terror”.
Un terror acompañado por una profunda sensación de impotencia ante el “abandono” y “la falta de soluciones”. Y, aun así, por si fuese escaso ese abanico de sentimientos, María guarda también espacio para la tristeza y la empatía ante las historias de muchos de los que llegan. «Realmente, las imágenes que vemos dan pena. Hay de todo, pero también han entrado muchas familias y menores. A mí me han llegado a pedir el teléfono para llamar a su madre y avisarle de que estaban bien».
“Hay situaciones que duelen en el alma porque ellos no tienen la culpa”. Recuerda especialmente las imágenes de aquellos primeros días en las inmediaciones del Centro de Estancia Temporal de Inmigrante, el CETI: “Toda la calle llena de gente tirada por el suelo, personas en situaciones muy duras”.
Entre quienes llegaron, María cuenta que también encontró historias que reflejaban hasta qué punto muchos se habían visto arrastrados por la situación. Recuerda haber hablado con una muchacha que le contó que, en realidad, había salido de casa para ir a trabajar. Cuando vio que la frontera estaba abierta, decidió cruzar. “Me dijo que la vio abierta y decidió pasar”.
De esos primeros días, también hubo gente que terminó regresando. «Yo me acuerdo de estar allí y ver a la gente volverse en los tres primeros días, sobre todo el segundo y el tercer día». Algunos regresaban, explica, con la sensación de haber sido utilizados.
“Uno me dijo: Nos están utilizando como arma política».
Otros aseguraban haber cruzado con una expectativa muy distinta de la realidad que encontraron. “A nosotros nos han dicho que si veníamos para acá nos llevaban para Europa”.
«Ceuta siempre ha defendido su lema, la ciudad de las cuatro culturas»
Y aunque la decepción y la ira podrían haber contaminado su percepción de la ciudad, María sigue mirando a Ceuta con los mismos ojos con los que la miraba desde niña. Lo cierto es que en sus palabras todavía se percibe esa pasión por su tierra, por un lugar que hoy siente desprotegido, pero del que confía que vuelva a recuperar su cauce.
“Ceuta siempre ha sido lo que dice su lema, la ciudad de las cuatro culturas. Aquí siempre ha convivido la diversidad. Puede haber diferencias, como en todos lados, pero aquí siempre hemos convivido personas de diferentes razas y religiones sin ningún tipo de problema. Prueba de ello fue la manifestación: todo el pueblo unido”.
Y es precisamente esa unión la que parece sostener una pequeña dosis de esperanza. María insiste en la necesidad de que, al otro lado del Estrecho, en la Península, se conozca lo que está ocurriendo en Ceuta. “Puede parecer que exageramos, pero no. Lo que estamos viviendo aquí es muy duro y nos está afectando a nuestra salud mental. Necesitamos que se sepa”.
También pone el foco en una realidad que, a su juicio, no se está viendo con la misma intensidad desde todos los puntos de la ciudad. “Parece que en el centro todo está más tranquilo, pero en zonas del extrarradio como El Príncipe sigue siendo un auténtico desastre. No es justo”.
Porque, aunque ahora su ciudad atraviesa uno de sus momentos más difíciles, María sabe todo lo que Ceuta es capaz de defender. Espera poder volver pronto a su rutina: ponerse frente a la cámara de su móvil y seguir contando esas historias, curiosidades y rincones que hacen de Ceuta un lugar capaz de enamorar a quien de verdad la conoce y la vive. Porque, mientras espera que la ciudad vuelva a recuperar su ritmo, María tiene claro quién la está sosteniendo: su propia gente. Los que siguen abriendo sus comercios, ayudando al que lo necesita, saliendo a la calle y tratando de que, pese a todo, Ceuta siga siendo Ceuta. Porque, como ella dice, “quién está salvando a la ciudad es la gente de aquí”.
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